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ARTICULO DE FONDO

¿Puede Estados Unidos acabar con los cárteles invadiendo México?

Por: Los Analistas.

El discurso de una posible intervención militar de Estados Unidos en México para combatir a los cárteles del narcotráfico ha resurgido con fuerza, impulsado principalmente por la narrativa de mano dura que promueve Donald Trump y sectores del Partido Republicano. Sin embargo, al analizar el escenario, la conclusión es clara: una invasión no solo sería inviable, sino contraproducente.
Los cárteles mexicanos no operan como fuerzas armadas tradicionales. No concentran efectivos, no defienden posiciones estratégicas visibles ni tienen una estructura jerárquica rígida. Funcionan como redes criminales descentralizadas, con presencia en prácticamente todo el territorio nacional y con capacidad de adaptación rápida.
Desde un punto de vista militar, esto convierte al crimen organizado en un enemigo asimétrico, uno de los más complejos de enfrentar. Las grandes potencias han fracasado repetidamente ante este tipo de adversarios, como ocurrió en Irak y Afganistán.
Los cárteles no están aislados. Operan en zonas urbanas, rurales y fronterizas, entremezclados con la población civil. Además, han construido vínculos sociales, económicos y comunitarios que dificultan distinguir entre combatientes y no combatientes.
Cualquier operación militar extranjera generaría un alto riesgo de daños colaterales, lo que a su vez alimentaría el resentimiento social y facilitaría el reclutamiento criminal.
Aunque no igualan a un ejército regular, los grupos criminales cuentan con armamento de alto poder, una logística flexible y conocimiento del terreno. Parte importante de ese arsenal proviene del tráfico ilegal de armas desde Estados Unidos, lo que evidencia una corresponsabilidad en el problema.
La eliminación de líderes o células específicas no garantiza el debilitamiento estructural de los cárteles; por el contrario, suele provocar fragmentación y mayor violencia.
Una intervención sin el consentimiento del Estado mexicano constituiría una violación grave al derecho internacional. Esto provocaría una reacción nacionalista que podría unificar a amplios sectores de la sociedad mexicana, incluidos aquellos críticos del gobierno, en defensa de la soberanía nacional.
Además, una invasión deterioraría severamente la relación bilateral, afectando comercio, inversión y cooperación en seguridad, migración y economía.
Para Estados Unidos, el costo también sería alto: condena internacional, ruptura o debilitamiento del T-MEC, afectaciones a cadenas productivas y un incremento de la migración irregular. Lejos de contener el flujo de drogas, el mercado simplemente adaptaría rutas y métodos, manteniendo el suministro.
En conclusión: el planteamiento de invadir México para acabar con los cárteles parte más de la retórica política que de un análisis estratégico serio. El narcotráfico es un fenómeno trasnacional que no puede resolverse mediante una intervención militar directa.
La única vía efectiva pasa por cooperación binacional, fortalecimiento institucional, combate a la corrupción, control del tráfico de armas y acciones financieras contra las redes criminales. Todo lo demás es discurso electoral con alto potencial de desestabilización.

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