Prensa de la Región

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Exposición de Mariana pisa terrenos delicados

Por: Los Enterados.

EN NUEVO LEON cada vez es más frecuente escuchar el mismo comentario entre ciudadanos y analistas: a Mariana Rodríguez ya se le ve ‘hasta en la sopa’.
La titular de la oficina Amar a Nuevo León ha multiplicado su presencia en eventos públicos, recorridos por colonias, entregas de apoyos y actos oficiales que según diversas voces, poco tienen que ver con la naturaleza estrictamente social de su encargo.
Pero más allá de la crítica política o del comentario de café, el tema podría tener implicaciones más serias.
Especialistas en materia electoral, nos dicen, que existen al menos tres terrenos delicados en los que la exposición constante de Mariana podría convertirse en problema político o legal.
Primero: los actos anticipados de campaña. Si una figura pública comienza a posicionar su imagen de manera sistemática antes de los tiempos electorales, los partidos opositores podrían argumentar que se trata de promoción política adelantada, algo que podría ser investigado por el Instituto Nacional Electoral o incluso llegar al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Segundo: la promoción personalizada de recursos públicos. Cuando una figura aparece constantemente en eventos vinculados al gobierno, los adversarios políticos suelen cuestionar si se está utilizando la estructura institucional para proyectar una imagen personal con fines electorales.
Tercero: el posible conflicto político por cercanía con el poder. Al ser esposa del gobernador Samuel García Sepúlveda, cualquier señalamiento inevitablemente salpica al propio Mandatario pues podría interpretarse que existe un impulso político desde el aparato gubernamental.
Entonces la pregunta ya no sería si Mariana aparece demasiado en público. La pregunta sería si esa exposición se adelantó demasiado a los tiempos de la política.
Juárez: ¡Es culpa de Los Treviño, la promoción política, y la falta de obra!
EN EL MUNICIPIO de Juárez hay una frase que cada vez se escucha más entre los ciudadanos cuando se habla del actual gobierno: ‘Aquí todo es culpa de Los Treviño’.
Si una calle está destrozada, la culpa es de Los Treviño; si los policías no cumplen con su deber, también es culpa de Los Treviño.
Si una lámpara está apagada o un servicio público falla, nuevamente aparecen Los Treviño como responsables.
Ese ha sido el discurso constante del Alcalde Félix Arratia, quien desde que llegó al gobierno municipal ha señalado a administraciones anteriores como responsables del rezago que vive el municipio.
Y aunque nadie discute que el municipio arrastra problemas históricos derivados de un crecimiento urbano desordenado y años de rezagos en infraestructura, cada vez son más los ciudadanos que cuestionan si el actual gobierno ha logrado avanzar realmente en la solución de esos problemas, porque en la práctica, las obras de impacto simplemente no se ven, no existen.
Hasta ahora, la acción más visible que ha promovido la actual administración ha sido la pavimentación de algunos tramos de la avenida Arturo B. de la Garza.
Mientras tanto, en distintas colonias los problemas cotidianos continúan: calles deterioradas, servicios públicos deficientes y zonas que siguen esperando mejoras que durante años han sido prometidas por diferentes gobiernos.
Pero si algo sí ha comenzado a multiplicarse en la zona metropolitana son los espectaculares donde aparece la imagen de Félix.
Lo que llama la atención es que estos espectaculares no sólo se encuentran dentro de Juárez, sino también en municipios vecinos, lo que ha generado cuestionamientos sobre el objetivo de esa campaña de promoción.
La duda es mayor si se toma en cuenta que el portal de transparencia del municipio no ha sido actualizado en materia de comunicación social.
A lo anterior súmele que cada vez son más los ciudadanos que se hacen una pregunta simple. Si todo lo malo que ocurre en Juárez es culpa de Los Treviño… ¿entonces exactamente para qué tenemos Alcalde?
El caso Waldo y Karina: un efecto colateral
EL CASO entre Waldo Fernández González y Karina Barrón Perales dejó de ser hace rato un simple asunto jurídico para convertirse en un episodio con implicaciones políticas dentro del tablero de Nuevo León.
Desde la óptica estrictamente legal, el Senador decidió defender su nombre y llevar hasta las últimas consecuencias la denuncia que presentó en su momento. Ese derecho, en cualquier democracia, es legítimo. Nadie está obligado a cargar con señalamientos que considera falsos.
Sin embargo, hay que decirlo, en política el cálculo rara vez es únicamente jurídico.
La decisión de empujar el caso hasta tribunales terminó generando un efecto colateral evidente. La salida de Karina Barrón del gobierno municipal de Monterrey en medio de un escándalo mediático que inevitablemente polarizó opiniones, y es ahí donde comienza el análisis político.
Para algunos sectores, Waldo Fernández actuó en defensa propia y buscó limpiar su reputación. Pero para otros, la imagen que queda es la de un enfrentamiento desigual que terminó con una mujer fuera del cargo público y enfrentando un proceso penal.
Ese matiz puede aparecer menor en el papel, pero en términos polìticos no lo es.
En un Estado como Nuevo León, donde el electorado femenino tiene un peso creciente y donde las agendas de género han cobrado relevancia en el debate público, este tipo de episodios suelen dejar huella en la percepción ciudadana.
Por eso no son pocos los analistas que se preguntan si esta batalla, aun cuando pudiera resultar favorable en tribunales, no terminará convirtiéndose en un episodio que acompañe la carrera política del Senador durante los próximos años.
Pero el capítulo más delicado de esta historia aún está por escribirse.
El 26 de marzo se realizará una audiencia clave en la que se definirá si Karina Barrón permanece en prisión o si el conflicto toma otro rumbo jurídico. La puerta que existe es la del acuerdo reparatorio, una figura legal mediante la cual el denunciante podría otorgar el perdón a cambio de una reparación del daño.
En términos simples ese día podría definirse si el proceso continúa con todas sus consecuencias o si se abre la posibilidad de que Waldo Fernández otorgue el perdón a Karina Barrón.
Nos dicen que cuando los expedientes judiciales se mezclan con la política, los acuerdos reparatorios rara vez son simbólicos, más bien suelen venir acompañados de cifras importantes… de esas que llevan muchos ceros.
El caso Barrón no sólo representa un expediente judicial en curso, también se convierte en una pieza más dentro del complejo ajedrez político de Nuevo León, donde cada confrontación política termina dejando cicatrices que, tarde o temprano, reaparecen en el terreno donde realmente se define el poder: las urnas.
‘Rafita’ el Alcalde que sigue presente en Apodaca
En la memoria de la gente de Apodaca, hay nombres que no se borran con el paso de los años. Uno de ellos es el de Jesús Rafael García Garza ‘Rafita’.
No porque haya salido en todos los periódicos o porque se haya dedicado a presumir su trabajo en redes, -en aquellos tiempos ni existía eso-, sino porque la gente todavía lo recuerda en las pláticas cotidianas, como se recuerda a los personajes que dejaron huella.
Cuentan los ciudadanos que cuando ‘Rafita’ gobernaba, se veía mucho movimiento en la ciudad. Calles que antes eran puro polvo empezaron a pavimentarse, se hicieron obras que todavía hoy forman parte del paisaje urbano, y el municipio comenzó a tener otro ritmo.
Pero si algo marcó su paso por la alcaldía no fue solamente la obra pública. Fue el trato con la gente.
Dicen quienes lo conocieron que no era de esos Alcaldes que se esconden detrás de escritorios o que solo aparecen en eventos con micrófono en mano. ‘Rafita’ era de los que caminaban el municipio, saludaban sin tanta ceremonia y escuchaban a la raza sin tanto protocolo.
Por eso, cuando su nombre sale en alguna conversación, casi siempre viene acompañado de una frase que se repite como eco entre generaciones:
‘Ese sí era un Alcalde chingón’.
Con el paso del tiempo han llegado otros gobiernos, otros estilos y otras promesas. Algunos han hecho su parte, otros han pasado sin pena ni gloria. Pero en la memoria colectiva de Apodaca, el recuerdo de Jesús Rafael García Garza sigue ahí, firme, como una referencia inevitable cuando se habla de buenos gobiernos municipales.
Es cierto, hay cargos que duran tres años, y hay nombres que se quedan toda la vida en la memoria del pueblo, como es el caso del buen amigo ‘Rafita’, que Dios lo tenga en su santa gloria. Seguiremos informando, punto final.

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