Prensa de la Región

La sequía que viene: el problema que nadie quiere ver

Prensa de la región/Blanca Rodríguez de la O.

En el norte de México hay una amenaza silenciosa que avanza sin hacer ruido, pero que tarde o temprano termina golpeando con fuerza: la sequía.
No es un fenómeno nuevo, tampoco inesperado, pero sí cada vez más frecuente y más severo. Lo que preocupa a especialistas y autoridades es que los ciclos secos están regresando más rápido de lo que antes ocurría, y eso podría colocar nuevamente a varias regiones del país al borde de una crisis hídrica.
Estados como Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y San Luis Potosí forman parte de una franja del territorio nacional donde el agua siempre ha sido un recurso limitado. Sin embargo, el crecimiento urbano, la presión industrial y los cambios climáticos están provocando que el problema sea cada vez más complejo.
Hace apenas unos años, la crisis hídrica que golpeó a la zona metropolitana de Monterrey dejó imágenes que parecían impensables para una de las ciudades industriales más importantes del país, filas interminables de personas esperando pipas de agua, colonias enteras con servicio suspendido durante días y presas prácticamente secas.
Aquella crisis fue un aviso. Muchos pensaron que era un episodio aislado, pero la realidad indica que podría repetirse.
Durante 2022, el nivel de almacenamiento de varias presas cayó a niveles históricos. En particular, la Presa Cerro Prieto y la Presa La Boca mostraron imágenes que rápidamente dieron la vuelta al país: embarcaderos convertidos en suelo seco, lanchas varadas en medio del lodo y kilómetros de terreno agrietado donde antes había agua.
La situación obligó a implementar cortes programados en diversas zunas urbanas. MIles de familias tuvieron que modificar sus rutinas diarias ante la falta de líquido.
La crisis también dejó al descubierto otro problema: la falta de planeación hídrica a largo plazo.
Durante años, especialistas habían advertido que el crecimiento de la zona metropolitana de Monterrey estaba avanzando más rápido que la capacidad de suministro de agua. Nuevos fraccionamientos, desarrollos industriales y expansión poblacional incrementaron la demanda de manera acelerada. Cuando la sequía llegó, el sistema simplemente no estaba preparado.
Ante la presión social y política que generó la crisis, el gobierno estatal impulsó proyectos para aumentar el suministro. Entre ellos destaca el acueducto de El Cuchillo II, diseñado para tansportar más agua hacia la zona metropolitana.
La obra fue presentada como una solución para evitar que se repitiera el escenario vivido durante los meses más críticos de la sequía. Sin embargo, especialistas en gestión hídrica han señalado que las obras de infraestructura, aunque necesarias, no son suficientes por sí solas. El problema de fondo sigue siendo la disponibilidad del recurso.
En los últimos años, los patrones climáticos han mostrado cambios importantes. Las temporadas de lluvia se han vuelto más irregulares y las temperaturas promedio han aumentado en buena parte del territorio nacional.
Esto provoca dos efectos simultáneos: por un lado, la evaporación del agua almacenada se acelera; por otro, los periodos prolongados sin lluvia se vuelven más frecuentes. Para las regiones semiáridas del norte del país, estos cambios representan un desafío mayúsculo.
Las presas dependen en gran medida de tormentas intensas durante el verano. Cuando esas lluvias no llegan o lo hacen con menor intensidad, los niveles de almacenamiento comienzan a descender rápidamente.
La sequía no solo afecta a las ciudades. En el campo, sus consecuencias pueden ser todavía más graves. Productores agrícolas del norte del país dependen del agua almacenada en presas y de los acuíferos para mantener sus cultivos.
En muchos casos, la agrícola termina siendo el sector más afectado. La reducción en la disponibilidad de agua puede provocar pérdidas de cosechas, disminución en la producción de alimentos y afectaciones económicas para miles de familias que dependen del campo.
La gestión del agua también tiene una dimensión política. Las decisiones sobre cómo distribuir el recurso, qué obras construir y cómo regular su uso suelen generar tensiones entre gobiernos, sectores productivos y ciudadanos.
En tiempos electorales, el tema puede volverse todavía más sensible. Los ciudadanos recuerdan con facilidad los momentos en que el agua faltó en sus hogares. Y cuando eso ocurre, las autoridades suelen enfrentar fuertes cuestionamientos.
La sequía que se vislumbra en el horizonte no necesariamente tendrá que convertirse en una crisis si se toman decisiones adecuadas con anticipación. Entre las medidas que especialistas recomiendan se encuenetran mejorar la eficiencia en el uso del agua, reparar fugas en los sistemas de distribución, fomentar el reciclaje del recurso en la industria y promover una cultura de ahorro entre la población.
Las ciudades del norte del país seguirán creciendo, y con ellas aumentará la demanda de agua. La pregunta no es si habrá más presión sobre el recurso, sino cómo se manejará esa presión. La verdadera incógnita es si las autoridades y la sociedad estarán preparadas para enfrentarla cuando llegue.

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